domingo, abril 21

Comida, sexualidad y Tora: Metáforas inesperadas

Eruvin 54b - 61b

En tanto seres humanos, somos seres simbólicos. Somos quienes somos a partir del uso que hacemos del lenguaje. Configuramos nuestro mundo a partir de las lenguas que utilizamos, de los modismos que adoptamos y de las formas que propiciamos en nuestras interacciones.

Más aun: Somos símbolos sobre símbolos, ya que no son pocas las veces en las que somos hablados por metáforas. Dichas metáforas resignifican, enriquecen y arrojan nueva luz sobre la forma en la que vemos en el mundo.


Es en este contexto que se me hace sumamente interesante analizar tres metáforas que el Talmud nos plantea en las hojas del día. El texto busca describir de alguna manera la relación entre el sabio y su objeto (¿o sujeto?) de estudio - la Tora - y lo hace aludiendo a dos áreas que están más conectadas de lo que parecería: la comida y la sexualidad. Como verán, estas metáforas no son aptas para menores de edad...

La primera:

"¿Por qué fueron asemejadas las palabras de la Tora a una higuera? Así como en la higuera, en todo momento en que el hombre la toca, se encuentran higos [comestibles] lo mismo ocurre con las palabras de la Tora: Cada vez que el hombre medita sobre ellas les encuentra gusto."

Al parecer, la higuera no tiene una época específica del año en donde da higos, sino que los higos van creciendo a lo largo de todo el año y madurando en diferentes temporadas. En consecuencia, siempre que el hombre vaya a la higuera, habrá de encontrar frutos que pueda disfrutar. También con la Tora, enseña el Talmud, pasa algo similar. El punto es acercarse al texto y palparlo, explorarlo y saborearlo ya que siempre se podrá encontrar palabras que se encuentren en su punto justo, no tanto desde el punto de vista del árbol - y recordemos que la Tora es "Árbol de Vida" - sino para el estudioso: No todo lo que la Tora tiene para ofrecer puede ser entendido en una determinada temporada. Hay enseñanzas que merecen maduración y hay secretos que no pueden ser rápidamente revelados o disfrutados. Todo tiene su tiempo, pero el árbol no deja de regalarnos sus frutos.


Vamos con la segunda (agárrense...):

"¿Por qué fueron asemejadas las palabras de la Tora a una cierva? Para enseñarte que así como la cierva tiene la matriz angosta y es deseable para quien la penetra una y otra vez como si fuera la primera vez, de igual manera ocurre con las palabras de la Tora las cuales son deseables para sus estudiosos a cada hora como si fuera la primera vez [que las estudian]."

De palpar higos a describir la sexualidad de los ciervos hay todo un salto, ¿verdad? Y sin embargo, ambas metáforas comparten el sentido exploratorio, la búsqueda y el encuentro con aquello que a priori se mantiene oculto tras los velos de aquello que no se conoce. En esta segunda imagen, el Talmud ya no habla de enseñanzas para cada temporada, sino de la forma en la cual un verdadero estudioso se allega al texto: Siempre con la frescura de la primera vez. Quizá sea menos torpe y más sutil; tal vez con el tiempo sepa encontrar nuevos rincones y descubrir nuevos caminos, pero el amor al estudio debe conservar el asombro, el amor y la pureza de los primeros encuentros.


Para cerrar:

"¿Por qué fueron asemejadas las palabras de la Tora con un pezón? Así como el pezón, cada vez que el niño lo toca encuentra en él leche, así también con las palabras de la Tora: Cada vez que el hombre medita sobre ellas les encuentra gusto."

La tercera metáfora de alguna manera combina las dos anteriores. Se asemeja a la primera en términos de comida, se asemeja a la segunda en la utilización de una figura que aun cuando vira hacia la metáfora materna, no deja de comparar a la Tora con un pezón. Y quizá el uso del niño tampoco sea casual: Volvemos a encontrarnos con la invitación a nunca perder la ingenuidad, la curiosidad y la manera no prejuiciosa con la que un bebé se relaciona con el mundo y se nutre con la leche de su madre. De igual manera, parecería decirnos el Talmud, tal vez nosotros también podamos nutrirnos de las palabras de la Tora si tenemos a bien no encarar el estudio desde el prejuicio o la sensación de que nada hay allí que se nos pueda enseñar.


Comida, sexualidad y Tora.
¿Quién lo hubiera dicho para un post talmúdico de domingo por la mañana?

PD: Es gracias a este tipo de metáforas que generaciones más tarde el Zohar planteará una Tora personificada, la cual se asemeja a una doncella que nos invita a seducirla y conquistarla, siendo los estudiosos transformados en guerreros medievales que buscan rasgar todos los velos que los separan de un encuentro sin intermediarios con el misterio de aquello que - paradójicamente o no - queda más allá de todas las palabras. Si les interesa leer un poco más sobre el tema, hagan click aquí.

¡HADRAN ALAJ KEITZAD MEAVRIN!
¡VOLVEREMOS A TI KEITZAD MEAVRIN!

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