miércoles, diciembre 5

La historia del hombre que amamantaba

Shabat 52a - 53b

El Talmud es fascinante. Ya se los dije, ¿no?

Pueden pasar hojas y hojas en las que no dejemos de marearnos entre tanto legalismo y discusiones realmente alejadas de la cotidianidad del siglo XXI. Y aun así, como quien no quiere la cosa, en plena discusión sobre el uso de correas y monturas de animales durante Shabat, el Talmud nos regala un relato fantástico, en todas las acepciones posibles del término:

"Ocurrió con un [hombre] que se murió su mujer, y le dejó un bebe para amamantar y no tenía él los recursos para contratar una nodriza que lo alimente. Le ocurrió un milagro y desarrolló dos pechos como los pechos de una mujer y pudo amamantar a su propio hijo."


La historia no tiene más que dos líneas, pero no deja de ser una suerte de diamante en bruto para pensar en algunos vectores. Por ejemplo: ¿Cuál es el lugar del milagro en el relato? ¿Resuelve verdaderamente algo? Es cierto... de acuerdo a la historia el hombre pudo darle leche materna (o paterna (!)) a su hijo y con eso lo salvó. No obstante, el milagro no deja de hacer un poco de ruido por el corto alcance que tiene: La situación económica sigue siendo sumamente precaria, y quien se beneficia con el milagro es el niño y nadie más, mientras que el padre al parecer sigue pasando hambre.

El mismo Talmud agrega algunas reflexiones sobre el relato. Rav Iosef aparece diciendo: "Ven y mira que grande es este hombre, ya que un milagro fue hecho para él." Para este sabio, el milagro es sinónimo de grandeza: A un hombre cualquiera estas cosas no le pasan.

Por su parte, Abaie adopta una posición contraria: "Mira que deshonrosa es esta persona por cuya presencia se tuvieron que modificar los órdenes de la naturaleza." Abaie condena esta situación y concluye que un milagro de este tipo sólo genera deshonra y burla. ¿Quién podría mirar con respeto a un hombre con pechos que amamanta a su hijo? Aquí no hay grandeza sino desgracia.

Un tercer sabio, Rav Iehuda, agrega a la discusión la siguiente reflexión: "Ven y mira qué difícil es proveer los alimentos de una persona. Es por ello que los órdenes de la naturaleza tuvieron que ser modificados a su favor." Rav Iehuda ya no habla sobre el "hombre nodriza" sino sobre la situación en general. Hay algo profundamente desequilibrado en una sociedad que tiene que apelar a milagros de este cariz para que un recién nacido no muera de hambre.


Es en ese espíritu que Rav Najman, el último de los sabios, agrega: "Fíjate que ocurren estos milagros, pero todavía no han sido creados alimentos [por milagro]." Puede que Rav Najman haya apelado a la mordaz ironía para cerrar este pasaje talmúdico cuando dice que es más fácil ver a un hombre que amamanta que ver alimentos que se crean mágicamente. Sin embargo, lo que creo que los dos últimos rabinos agregan con sus reflexiones es el llamado de atención a la sociedad en su conjunto. Nadie puede depender de los milagros, y sólo a partir de un trabajo en común y una distribución equitativa es que se puede lograr que tanto niños como adultos no sufran de hambre y escasez. En tiempos en los que sabemos que los hombres no van a poder ser las nodrizas de sus hijos, en épocas en las que entendemos que los órdenes de la naturaleza no suelen modificarse a nuestro gusto o según nuestras necesidades, el verdadero desafío es el de trabajar por gestar una sociedad redimida y equilibrada, una sociedad que surja a partir de la obra conjunta de hombres y mujeres de bien que se comprometan con la causa de todos. Y eso, nos dice el Talmud, no es un milagro, sino la consecuencia lógica de tomar las mejores decisiones que tengamos a la mano.

domingo, diciembre 2

Alas de paloma

Shabat 47b - 51b

Y un día, después de varias semanas, regresamos.

No es que no haya estado leyendo. Por el contrario, continué avanzando con el tratado de Shabat. Sin embargo, y para mi desgracia, no tuve la suerte de encontrar en el texto algo que me resultara inspirador. Supongo que por eso será que cada vez que terminamos de leer un capítulo del Talmud solemos decir: "Hadran Alaj... volveremos a tí." Ya que en esta vuelta no me tocó dar con pasajes que me movilicen, esperemos que para la próxima yo haya cambiado lo suficiente para encontrarme con manantiales de genialidad en lo que hoy sólo pude ver tecnicismos legalistas.

Pero basta de apología del silencio.

En la página del día, el Talmud nos cuenta la historia de Elisha, "el hombre de las alas." Pocos personajes talmúdicos tienen apodos tan poéticos y, por lo tanto, el texto nos cuenta el relato que dio origen a un nombre tan particular:


"Una vez, decretó el malvado imperio romano un decreto sobre Israel: A todo aquel que se pusiera Tefilin le sería perforada la cabeza. Y Elisha se los ponía y salía al mercado. Lo vio uno de los oficiales [romanos] - [Elisha] salió corriendo, y [el oficial] corrió tras él. Cuando lo atrapó, se quitó [Elisha los Tefilin] de la cabeza y los puso en su mano. Le preguntó [el oficial]: ¿Qué es lo que tienes en la mano? Le respondió: Alas de paloma. Abrió su mano y aparecieron alas de paloma. Por eso lo llaman Elisha, "el hombre de las alas.""

El relato está temporalmente emplazado en el siglo II de nuestra era. Luego de la revuelta que terminó con la destrucción del segundo Templo de Jerusalem, los romanos ajustaron tuercas sobre la población judía local, y empezaron a decretar toda clase de edictos que restringían la práctica del judaísmo, tanto en público como en privado. Y así como en el relato de Rabi Akiva del tratado de Brajot se hace hincapié en la prohibición de estudiar Tora, y en el relato de Rabi Shimon bar Iojai se muestra que todo aquel opositor al regimen queda automáticamente condenado a muerte, aquí el Talmud nos muestra que quien use Tefilin verá su cabeza perforada.

Los Tefilin (o en español: filacterias) son dos cajas de cuero que se usan todas las mañanas para rezar. Una se pone sobre el brazo débil (es decir, los diestros en el brazo izquierdo y viceversa) y la otra se pone en la cabeza. De allí el castigo de perforación cerebral propuesto por los romanos.


Elisha no sólo que no hace caso de los decretos, sino que se va al mercado con los Tefilin puestos, en clara señal de desafío a la autoridad. Eso genera que un soldado lo persiga y que finalmente tenga la suerte de que sus Tefilin se transformen milagrosamente en alas de paloma.

A mí la parte del milagro es la que menos me interesa del relato. Creo mucho más interesante el hecho de encontrarnos con personas que están dispuestas a elevar su voz en contra de las estructuras monolíticas que ejercen su poder a través del miedo y la intimidación. Más aun: leer sobre Elisha nos regala una suerte de espejo en el cual mirar lo que ocurre en nuestros días: Mientras el "hombre de las alas" usa Tefilin incluso a costa de poner en riesgo su vida, en nuestros días sin grandes amenazas nos encontramos con mucha gente que hace a un costado todas aquellas prácticas particulares (judías o de otras religiones), dejándose llevar por la corriente. Y también tenemos a tantos otros que se aferran a esas prácticas en la esperanza de que les ocurran milagros, Ds los proteja de todo mal y los negocios den siempre ganancia.

Una vez que el Talmud finaliza el relato de Elisha, agrega lo siguiente: "Se comparó a la congregación de Israel con una paloma [...] Así como la paloma es defendida por sus alas, de igual forma Israel es defendido por los preceptos."


En nuestros tiempos, creo que el cumplimiento de determinadas prácticas particulares no puede tener que ver con el miedo que nos infunda el dictador de turno o con las promesas de premios que podamos querer ver en el acto en sí. Por el contrario, la "defensa" que nos proporcionan los preceptos tiene que ver - al menos en mi forma de entender el texto - en la continuidad de la identidad particular. Sólo a partir de acciones concretas logramos defendernos de una situación en la cual nuestra identidad se diluye y se disocia de un sostenimiento real en la práctica.

En este sentido, los preceptos, las costumbres y la praxis particular no sólo evitan que nos desvanezcamos en el mar de lo general y amorfo, sino que - al igual que una paloma - nos da alas para volar más alto, para enorgullecernos de lo propio, y para aportar a la sociedad general nuestro granito de arena, nuestro ofrenda particular, en la búsqueda de construir entre todos un mosaico multicolor que pueda nutrirse de las contribuciones de cada uno de nosotros en su singularidad.


¡HADRAN ALAJ BAME TOMNIN!
¡VOLVEREMOS A TI BAME TOMNIN!

jueves, noviembre 15

Los hermanos sean unidos

Shabat 34a - 36b

Luego de regalarnos algunas páginas llenas de perlas de sabiduría y relatos imperdibles, el segundo capítulo del tratado de Shabat finaliza hablando de cuestiones técnicas relacionadas con el ocaso (¿cuándo es? ¿cuánto dura?) y con lo que ocurría en la antigüedad cuando Shabat estaba por comenzar.


El Talmud nos cuenta que durante la tarde del viernes, en las ciudades se tocaba el shofar seis veces, con la intención de ir avisándole a la gente que Shabat se estaba acercando y que era necesario dejar de trabajar.

En este contexto, podemos leer lo siguiente:

"Seis toques [de Shofar] se tocan en la víspera de Shabat: Con el comienzo de la primera tekia (sonido), las personas que están en el campo dejan de azar, de arar y de hacer todas las actividades del campo. Y los que están cerca no pueden ingresar [en la ciudad] hasta que lleguen los que se encuentran lejos y entren todos juntos como si fueran uno."


Este párrafo dictamina la ley en relación al trabajo en el campo. A priori parecería un texto técnico y sin mayor vuelo o derivaciones para nuestros días. Y sin embargo, a mi la idea de que aquellos que se encontraban cerca de la ciudad tengan que esperar a los que se encuentran lejos para ingresar todos juntos a la ciudad me parece maravillosa.

Shabat es un día en el que procuramos reencontrarnos con la naturaleza y con nuestros seres queridos. Shabat es un día en el que intentamos recuperar cierta armonía que perdemos al sumergirnos en la rutina y las corridas de la semana. Y por ello, no hay Shabat que sea posible si no ingresamos en él todos juntos, como si fuéramos uno.

En la invitación talmúdica a esperar a aquellos que se encuentran más lejos, además, creo que no sólo hay un detalle geográfico sino principalmente un pedido existencial: Aquellos que están más cerca no pueden olvidarse o desentenderse de aquellos cuyo recorrido les tomará más tiempo. No hay pueblo judío si no sabemos esperarnos y acompañarnos mutuamente. Y tampoco hay humanidad que se sostenga en el tiempo si lo que prevalece es el paradigma de la supervivencia del más apto.

El Shabat, en este sentido, pasa a ser metáfora de un tiempo distinto, al cual somos llamados a acceder como hermanos. En tiempos de violencia, de guerra y de terror, no deja de ser significativo que el Talmud nos recuerde que el gran desafío que tenemos por delante es llegar a la ciudad en unión fraternal ya que como dijo muchos años después el gaucho Martín Fierro, esa es la ley primera.


¡HADRAN ALAJ BAMEMADLIKIN!
¡VOLVEREMOS A TI BAMEMADLIKIN!

PD: Entre las páginas 36b y 47b se extiende el tercer capítulo del tratado de Shabat. Desgraciadamente no tuve la capacidad de encontrar nada que me inspirara a escribir un post en el blog. Quizá con más razón tenga que decir: "Hadran Alaj"... a saber: Quiera Ds que para la próxima vuelta logre dar con pasajes que me lleven a reflexionar sobre aquello que no he podido ver todavía.

¡HADRAN ALAJ KIRA!
¡VOLVEREMOS A TI KIRA!

miércoles, noviembre 14

El opositor

Shabat 32a - 33b

Estamos con suerte. No tuvo que pasar demasiado tiempo para encontrarnos con otra historia talmúdica increíble. En este caso, el "héroe" de la jornada será Rabi Shimon Bar Iojai, quien fue contemporáneo del gran Rabi Akiva.

Pasen y vean...!! [y si les gusta comenten y compartan! :)]

ESCENA 1
Estaban sentados Rabi Iehuda, Rabi Iosi y Rabi Shimon, y con ellos se encontraba Iehuda, el hijo de los conversos.
Comenzó Rabi Iehuda diciendo: ¡Que grandiosas son las obras de esta Nación (Roma)! Han construido mercados, puentes y casas de baño.
Rabi Iosi se quedó callado.
Respondió Rabi Shimon ben Iojai diciendo: Todo lo que han hecho, no lo han hecho sino para sus propias necesidades: Construyeron mercados para poner en ellos prostitutas, baños para consentirse, puentes para recolectar impuestos.
Fue Iehuda, el hijo de conversos, y contó lo que habían dicho, llegando a oidos del gobierno.
Dijeron [los romanos]: Iehuda, que elevó [nuestro régimen], sea elevado. Iosi, que se quedó callado, sea expulsado a [la ciudad de] Tzipori. Shimon, que denunció [al gobierno], sea muerto.
Comentario: El relato nos presenta a tres sabios, cada uno de ellos con una posición distinta en relación a los regentes romanos: Un ferviente oficialista, un ferviente opositor y un tercero que se esconde en su silencio. También nos encontramos con un cuarto personaje, quien filtra el contenido de una plática que al parecer no tendría que haberse hecho pública. Por último, el gobierno actúa siguiendo un razonamiento estrictamente lineal, en donde se premia a los que alaban y se castiga duramente a quienes critican o callan. (Si ya están pensando en que luego de dos mil años nada ha cambiado demasiado, están en todo su derecho.)

ESCENA 2
Se escondió [Rabi Shimon] junto a su hijo en la casa de estudios. Todos los días la mujer [de Rabi Shimon] les traía pan y una jarra de agua, y ellos comían.
Cuando el decreto se intensificó, le dijo [Rabi Shimon] a su hijo: Las mujeres son fácilmente impresionables. Tal vez [los romanos] la torturen y les revele [nuestro escondite].
Fueron y se escondieron en una cueva.
Les ocurrió un milagro y fueron creados para ellos un algarrobo y un manantial de agua.
Ellos se quitaron la ropa y se sentaban con arena hasta el cuello.
Estudiaban Tora todo el día.
Cuando tenían que rezar, se vestían, se cubrían y rezaban. Y luego se volvían a quitar la ropa para que no se transformen en harapos.
Permanecieron en la cueva doce años.
Vino [el profeta] Elías hasta la entrada de la cueva y dijo: ¿Quién le hará saber a Bar Iojai que ha muerto el emperador y que su decreto ha sido revocado?
Comentario: El Talmud deja de interesarse en todos los personajes de la primera escena para enfocarse en Rabi Shimon. Sabedor de que los romanos han dictaminado que muera, el sabio decide refugiarse en la casa de estudios: Mientras que los romanos se han dedicado a fortalecer la ciudad con mercados, puentes y baños, él sabe que el "ojo de Sauron" no presta demasiada atención al estudio.
Aun así, el cerco parece cerrarse paulatinamente, y llega el momento en que deben escapar. Es en este contexto que leemos la apreciación no muy feliz sobre las mujeres, sobretodo porque la solución de Rabi Shimon no radica en llevársela a ella también a la cueva, sino en desaparecer y despreocuparse de lo que pueda pasar si los romanos la atrapan y torturan...
Rabi Shimon se va a una cueva y se olvida del mundo. Incluso el texto parecería estar a favor de su conducta ya que un milagro le ocurre y no tiene que trabajar para comer y subsistir.
Más aun: El Talmud hace uso de Rabi Shimon para brindarnos un paradigma educativo que se presenta como preocupante: Rabi Shimon es una cabeza que piensa. Todo su cuerpo pierde interés y función, y es literalmente enterrado en arena mientras el sabio se dedica todo el día a estudiar Tora. Pero... ¿es ese el verdadero estudio? ¿Hay aquí algún aprendizaje real? Veamos qué aprendió Rabi Shimon después de doce años de encierro en la cueva.

ESCENA 3
Salieron [de la cueva].
Vieron a hombres que se encontraban arando y sembrando.
Dijo [Rabi Shimon]: ¡[Estos hombres] abandonan la vida eterna y se ocupan de las necesidades del ahora!
Todo lugar en el que se posaban sus ojos se incendiaba en el acto.
Salió una voz celestial y les dijo: ¿Para destruir Mi mundo salieron? ¡Regresen a su cueva!
Regresaron y se sentaron [en la cueva] doce meses.
Dijeron: El juicio de los malvados en el infierno es de doce meses.
Salió una voz celestial y dijo: ¡Salgan de su cueva!
Salieron.
Todo aquello que Rabi Eleazar [el hijo de Rabi Shimon] destruía, Rabi Shimon lo sanaba.
Le dijo [Rabi Shimon a su hijo]: Hijo mío, tu y yo somos suficientes para el mundo.
Comentario: Rabi Shimon no sólo es opositor frente a las obras del imperio romano. También está en contra de que los mismos judíos se dediquen a trabajar. De alguna manera, este sabio representa la postura de todos aquellos que hasta nuestros días promueven que se les pague por el solo hecho de vivir estudiando Tora. Nada de impuestos, de trabajar o de servir en el ejército: La vida del verdadero creyente es dedicarse al estudio de la Tora. Tal es así que al ver que el mundo funciona de otra manera, la ira de Rabi Shimon se traduce en "miradas que secan campos."
Sin embargo, el texto que hasta ahora parecía a favor de nuestro sabio, empieza a cambiar. Una voz celestial surge del Cielo para enviar de regreso a los dos fundamentalistas a "su" cueva. Ya no es el lugar de los milagros. A partir de ahora Ds no tiene nada que ver con ese lugar en donde se aprende a odiar al mundo. No hay lugar en la tierra para quien se proponga destruir el mundo. Invocar el nombre de Ds tampoco sirve: Para todos ellos la condena es el exilio y el aislamiento total. En este punto, el Talmud no deja lugar alguno para interpretaciones divergentes.
Un año después Rabi Shimon parece haber entendido el mensaje, pero su hijo todavía sigue decidido a incendiar todo aquello que no funciona de acuerdo a sus propias ideas. Rabi Shimon lo calma: El mundo va a sostenerse porque ellos dos son suficientes... ¿Será que Rabi Shimon sigue siendo un extremista disfrazado de cordero? Por lo pronto la soberbia no se le quitó.

ESCENA 4
Mientras el sol se ponía en la víspera de Shabat vieron a un anciano que tenía dos paquetes de mirto y corría [a la hora del] crepúsculo.
Le preguntaron: ¿Por qué tienes esas [ramas de mirto]?
Les respondió: En honor al Shabat.
[Le dijeron:] Con una es suficiente.
[Les respondió:] Una se corresponde con "Recordarás" y la otra con "Cuidarás."
Le dijo [Rabi Shimon] a su hijo: Mira que amados son los preceptos para [el pueblo de] Israel.
Sus mentes se tranquilizaron.
Comentario: Finalmente llega el momento en que Rabi Shimon y su hijo hacen las paces con el mundo. Finalmente los sabios entienden que no por trabajar la gente se olvida de su judaísmo, de los preceptos o de Ds. Más aun: Este anciano no sólo respeta el Shabat sino que puede enseñarles Tora a estos grandes estudiosos, citando los dos textos bíblicos en los que figura el mandamiento de Shabat.
El texto sigue insistiendo: El modelo de aprendizaje no radica en alejarse del mundo productivo sino en construir puentes de sentido entre la identidad religiosa y la vida cotidiana.

martes, noviembre 13

Los límites de la paciencia

Shabat 31a - 31b

Una de las razones por las cuales hace ya casi tres meses comencé el proyecto de leer Talmud todos los días es para encontrarme con perlas que a veces quedan perdidas en un mar de tinta. Puede que por momentos el texto sea árido, técnico y poco espiritual (las primeras hojas del tratado de Shabat así lo demuestran) pero luego de remar en Nutella uno finalmente llega a oasis de sabiduría que no tienen fecha de vencimiento. Así me siento con la página del día, posiblemente una de las más bonitas y nutridas en historias y enseñanzas de todo el Talmud.

La página del día contiene una cantidad de relatos que vienen a consecuencia de la última frase de Shabat 30b: "Enseñaron nuestros sabios: Una persona tiene que ser siempre paciente como Hilel y no ser impaciente como Shamai."


Efectivamente, el Talmud nos vuelve a presentar a dos de sus personajes principales, los grandes pugilistas dialécticos de aquella generación. Y en este caso, se nos narran un par de historias que ponen de manifiesto el carácter antagónico de estos dos sabios.

Podría traducir la página entera, pero en esta oportunidad me voy a quedar con uno solo de los relatos, el cual iremos comentando paso a paso:

ESCENA 1
Ocurrió que dos hombres se encontraban apostando entre ellos. Decían: Aquel que logre ir y agraviar a Hilel ganará cuatrocientos zuz (moneda de la época). Dijo uno de ellos: Yo iré a molestarlo.
Comentario: La escena que abre la historia nos presenta a dos hombres que promueven una apuesta para ver quien logra enojar a Hilel, el paladín de la paciencia. El ganador se hará de una importante suma de dinero, producto de un ejercicio que a priori se presenta como poco feliz.

ESCENA 2
Aquel día era víspera de Shabat, y Hilel estaba lavándose la cabeza.
Comentario: Este dato no es menor: En Shabat hay una cantidad de cosas que están prohibidas, entre ellas calentar agua para bañarse, y por tanto el hecho de que en la víspera de Shabat Hilel se esté lavando el pelo agrega en la historia un giro temporal que incrementa la tensión: Si Shabat llega, Hilel deberá cancelar su baño. ¿Perderá nuestro sabio la paciencia o no?

ESCENA 3
Fue [el hombre que apostó] y pasó por delante de la puerta de la casa [de Hilel].
Dijo: ¿Está aquí Hilel? ¿Está aquí Hilel? 
Se vistió [Hilel] y salió a su encuentro.
Le dijo [Hilel al hombre]: Hijo mío, ¿qué necesitas?
Le respondió: Tengo una pregunta para hacerte.
Le dijo: Pregunta, hijo mío, pregunta.
[Le respondió:] ¿Por qué la cabeza de los Babilonios son ovaladas?
Le dijo: Hijo mío, una gran pregunta has realizado. [Es así] porque no tienen parteras sabias.
Comentario: Hilel no sólo manifiesta una enorme paciencia con el hombre, sino que lo trata con un cariño desmesurado. Y por si fuera poco, le responde una pregunta que nada tiene que ver con nada: ¡Hilel no sólo es el paladín de la paciencia; también es la Wikipedia de su época! Sin embargo, como es esperable, aquí no termina la historia...

ESCENA 4
Fue [el hombre que apostó] y esperó una hora.
Volvió y preguntó: ¿Está aquí Hilel? ¿Está aquí Hilel?
Se vistió [Hilel] y salió a su encuentro.
Le dijo [Hilel al hombre]: Hijo mío, ¿qué necesitas?
Le respondió: Tengo una pregunta para hacerte.
Le dijo: Pregunta, hijo mío, pregunta.
[Le respondió:] ¿Por qué los ojos de los residentes de Tadmor son borrosos?

Le dijo: Hijo mío, una gran pregunta has realizado. [Es así] porque viven entre [el desierto con] arena.
Comentario: Misma historia, pero una hora después. Shabat está cada vez más cerca, pero parece que a Hilel eso no le preocupa ni lo pone ansioso. Lo importante es tratar bien a esta persona y darle las respuestas que necesita escuchar, para regresar una vez más a su añorado baño.

ESCENA 5

Fue [el hombre que apostó] y esperó una hora.
Volvió y preguntó: ¿Está aquí Hilel? ¿Está aquí Hilel?

Se vistió [Hilel] y salió a su encuentro.
Le dijo [Hilel al hombre]: Hijo mío, ¿qué necesitas?
Le respondió: Tengo una pregunta para hacerte.
Le dijo: Pregunta, hijo mío, pregunta.
[Le respondió:] ¿Por qué las piernas de los africanos son anchas?

Le dijo: Hijo mío, una gran pregunta has realizado. [Es así] porque viven en pantanales.
Comentario: Por tercera vez el hombre intenta enojar a Hilel. Por tercera vez fracasa frente a este hombre con una paciencia de ciencia ficción...

ESCENA 6
Le dijo [el hombre que apostó]: Muchas preguntas tengo para hacerte, pero temo que te enojes.
Se vistió [Hilel], se sentó delante [del hombre] y le dijo: Todas las preguntas que tienes para hacer, dímelas.
Le preguntó: ¿Tú eres el Hilel al cual llaman el Príncipe de Israel?
Le respondió: Si.
Le dijo: Si así es, que no haya muchos como tú en Israel.
Le respondió: Hijo mío, ¿por qué [dices] esto?
Le dijo: Debido a que por tí he perdido cuatrocientos zuz.
Le respondió: Se cuidadoso de tu espíritu [y no vuelvas a intentar hacer esto]. Hilel es merecedor de que hayas perdido cuatrocientos zuz y podrías perder otros cuatrocientos zuz - pero Hilel no habrá de enojarse.
Comentario: En la escena final vemos que quien termina por perder la paciencia es el hombre que apostó. En lugar de desquiciar a Hilel, el hombre es quien termina desquiciado, llorando sus penas por haber perdido un montón de dinero al fracasar en su objetivo. Nada ni nadie lograrán quebrantar la paz del Príncipe de Israel. Por el contrario, siempre tendrá a la mano una respuesta para dejarnos satisfechos y asombrados por su enciclopédico conocimiento.

Hasta aquí el relato. Parecería que el Talmud eleva a una categoría única a uno de sus héroes principales. Y sin embargo, muchos años después, uno no termina de saber si con eso nos han hecho un favor o no.

Algún tiempo atrás, escuché a uno de mis maestros, el rabino Brad Artson, diciendo que este relato daña al rabinato, principalmente por dos razones:

(1) Presenta a un hombre que todo lo sabe y que no dice "No sé" ni siquiera frente a preguntas absolutamente inverosímiles y alejadas del área de conocimiento que un rabino debería manejar. En consecuencia, se abona el mito de una sabiduría sin fronteras, asumiendo que no podemos equivocarnos, dudar o simplemente desconocer la respuesta a una pregunta dada.

(2) Vemos a un sabio que siempre tiene tiempo para recibir a quien sea, por más veces que regrese, por más irrelevantes que sean sus cuestionamientos. Esto también abona un mito equivocado y profundamente nocivo, que es el de creer que los rabinos no tienen derecho a un tiempo para ellos y sus familias. Si Hilel tiene que salirse de su baño veinte veces para responder trivias culturales, ¿cuándo se hará Hilel de tiempo para sí mismo? ¿Cómo reaccionaría Hilel con su propia familia? ¿También los dejaría de lado para ir a responder las inquietudes de los demás? ¿Es ese el tipo de liderazgo que queremos?

Me parece que con este relato, Hilel representa aquello que no deberíamos emular, no sólo en el ejercicio del rabinato sino en general: No tenemos por qué saber todo, no tenemos por qué sacrificar (todos) nuestros espacios privados en pos de (todas) las demandas ajenas, y no tenemos por qué ser paladines de la paciencia. Un verdadero líder sabe establecer límites claros en beneficio de todos, incluso si para ello a veces tiene que perder la paciencia.



lunes, noviembre 5

El valor del humor

Shabat 27a - 30b

Estoy en Quito, Ecuador, en donde se está llevando adelante la Asamblea Rabínica Latinoamericana y el 12vo Encuentro de Profesionales y Dirigentes judíos del JDC. Por eso no se cuándo o cuánto podré escribir durante esta semana.

Y sin embargo, mientras estaba en el avión camino a Ecuador, leí un texto precioso que no quería dejar de compartir en este espacio.

El Talmud nos cuenta: "Raba tenía la costumbre de abrir cada una de sus clases con palabras graciosas, para luego pasar a trabajar con pasión y seriedad sobre los temas del día."

Muchas veces creemos que el humor debe quedar fuera del ámbito de la docencia, de la teología o de la religión. Nos imaginamos que ser serios implica necesariamente poner cara de piedra y evitar todo comentario gracioso. En contraposición, el Talmud nos enseña que lo Cortés no quita lo valiente y que  enseñanzas profundas pasan por integrar de manera inteligente el humor con pensamientos sutiles e inteligentes.

El punto es no tenerle miedo a ser gracioso, siempre y cuando la gracia no consista en burlarse y humillar a los demás. Ser simpático es una virtud que no debe menospreciarse.

Así que ya saben: sonrían y no tengan miedo de intercalar chistes y palabras graciosas en aquello que piensan y comparten con los demás. Esa es la forma que tenemos de ser verdaderos herederos de Raba y verdaderos discípulos del Talmud.

viernes, noviembre 2

¡Ojo con la suegra!

Shabat 26a - 26b

Hoy sale un post corto pero contundente (?).

El contexto: Los sabios discuten qué tipos de aceites pueden ser usados para encender velas de Shabat, y cuáles es mejor evitar. Entre ellos, se decide que el aceite que se extrae del afarsemon (y del cual se hacía el bálsamo más preciado de aquellos tiempos) no debe ser usado, ya que es inflamable. Y sin mayores introducciones, el Talmud pasa a contar esta historia:

"Érase una vez una suegra que odiaba a su nuera. Le dijo: Ve y adórnate con aceite de afarsemon. Fue [la nuera] y se perfumó. Al regresar, [su suegra] le dijo: Ve ahora a encender la lámpara. Fue [la nuera] a encender la lámpara. Se prendió fuego y la consumió."


Lo único que voy a decir hoy es:
1. Lo fabuloso del Talmud es que este tipo de relatos no se quedaron fuera del Talmud y se volvieron narrativas de las cuales se podía aprender de ley judía y de relaciones conflictivas.
2. La próxima vez que alguien les ofrezca aceite de afarsemon y luego los inviten a acercarse al fuego, piénsenlo dos veces.
3. A ver quien se anima a contar en los comentarios alguna historia similar con suegras y nueras, suegros y yernos! :)

Shabat Shalom!