domingo, enero 13

No seamos burros

Shabat 111b - 115a

Nadie puede darse a la tarea de construir su propia identidad desentendiéndose del pasado. Aquello que pasó, aquella selección que hagamos de lo que en algún momento aconteció, es indispensable para configurar la forma en la que nos paramos en el mundo y lo aprehendemos. El pasado, de esta manera, conforma la base sobre la que vamos armando nuestro ser.


Sin embargo, hacer uso del pasado como andamio para darle sentido al ser no debe ser confundido con quedar presos de lo que alguna vez fue. Honrar a las generaciones de antaño no significa dejarnos esclavizar por ellas, ni tampoco exige que caigamos en la falacia que nos intenta convencer de que todo tiempo pasado fue mejor.

No faltan oportunidades para escuchar a gente que está convencida que antes la vida era mejor: Menos inseguridad, más cohesión familiar, valores más sólidos, etc. etc. etc... Incluso algunas de las voces del Talmud parecerían adherir a esta doctrina. En nombre de Rabi Zeira, por ejemplo, leemos la siguiente declaración:

"Si las primeras generaciones eran hijos de ángeles, nosotros somos hijos de hombres; y si ellos eran hombres nosotros somos burros, y ni siquiera como el burro de Rabi Janina ben Dosa o el de Rabi Pinjas ben Iair sino burros comunes y corrientes."


En el contexto talmúdico existe - en parte de los sabios - la idea de que las generaciones pasadas fueron más elevadas que la nuestra, y que no hay remedio más que el de seguir descendiendo en una suerte de involución de la especie humana. Parte del racional gira en el hecho de que cuanto más atrás nos vamos en el tiempo, más cercanos estamos a la generación de Moshe y de la entrega de la Tora. Por tanto, si ellos eran gigantes, nosotros somos enanos; si ellos eran hombres, nosotros somos burros  del montón.

A mi, particularmente, no me gusta esta postura. Creo que es importante que podamos ser humildes y reconocer que tal vez no tengamos todas las respuestas. En ese sentido puede ser saludable mirar a las generaciones que nos anteceden con respeto y admiración. Pero, como dije al principio, celebrar el pasado y aprender de él no puede significar una vida subyugada a lo que ya pasó y tampoco puede encerrarnos en la idea equivocada de que el pasado es infalible y que nosotros somos ontológicamente inferiores a nuestros predecesores.

Cada generación tiene sus pros y sus contras. Aun así, en lugar de involucionar, el mundo siempre se encuentra mejorando, y nosotros como seres humanos somos responsables de hacer el mejor uso posible de esos avances para el bien de todo el planeta. Tal es así que mientras nuestras nuevas capacidades pueden ayudarnos a redimir el mundo recuperando los equilibrios perdidos también pueden llevarnos a la extinción. Y quizá, aquello que incline la balanza radique en cómo nos posicionamos frente a nuestras facultades: No creernos dueños del universo ni tampoco burros incompetentes, sino seres humanos con el potencial de hacer de este mundo, un mundo mejor.

¡HADRAN ALAJ VEELU KSHARIM!
¡VOLVEREMOS A TI VEELU KSHARIM!

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