jueves, agosto 30

Intenciones

Brajot 13a - 13b

El segundo capítulo del tratado talmúdico de Brajot comienza discutiendo un tema altamente complejo: las intenciones.

¿Es necesario tener la intención correcta cuando realizamos tal o cual acción?
¿Qué debemos priorizar: el acto en sí o la intención apropiada?
¿Un acto sin intención no tiene sentido ni valor?
¿Puro acto es condenarnos a pura rutina?


Las respuestas a estos interrogantes no son nada sencillas. Al parecer, la pregunta por las intenciones no tiene una respuesta única o lineal. Todos quisiéramos que nuestras acciones vayan acompañadas de buenas intenciones, pero cuando tenemos que elegir entre una y otra el terreno se vuelve un tanto inestable.

Por un lado tenemos a quienes dicen que las acciones deben primar, y que es preferible una acción sin intención a gestos de buena voluntad que nunca se traducen en actos concretos ya que "el camino al infierno está lleno de buenas intenciones."


Por otro lado llegan los defensores de las intenciones, quienes a su vez son detractores de la mecanicidad propia de un acto vacío de sentido o intención. Si la acción no se acompaña de la férrea convicción de lo que se está haciendo, ese hacer cae en saco roto y no sirve para nada. Sería como volvernos un ejército de robots programados para cumplir ordenes pre-establecidas.


El Talmud refleja parte de esta tensión. En la página del día se comienza diciendo que "todos los preceptos necesitan de intención para que su cumplimiento sea efectivo," para luego negar que eso sea así. Finalmente, con la mera acción será más que suficiente.

A priori, parecería que elegir las acciones por sobre las intenciones es un error. De aquí a caer en la celebración de la repetición mecanicista de acciones despojadas de sentido hay un paso no muy grande. No por casualidad el pensador judío Abraham Joshua Heschel sostuvo en uno de sus libros que el día en que el judaísmo talmúdico se decidió por los actos y no por las intenciones fue un momento sumamente triste de nuestra historia.

Y sin embargo, al menos mientras escribo esto me surgen dos puntales:
En el marco de la educación: Cuando los niños son pequeños, el primer aprendizaje viene desde la copia y repetición de una multiplicidad de tareas que ven en quienes los rodean. Esa incorporación activa no se plantea desde la reflexión sobre las intenciones correctas o las razones adecuadas para que la acción tenga sentido. Se trata de lo que en inglés se dice "play" en su doble acepción de jugar y actuar. Así se aprende. Las intenciones llegan más tarde.


En el marco de la neurociencia: ¿Qué viene primero? ¿Las ganas de ser feliz y luego la sonrisa? ¿O el acto de sonreir que dispara la sensación de que nos sentimos mejor? Incluso si nos parece contraintuitivo, comenzar por el acto de sonreir - aun cuando no nos sentimos con las ganas de hacerlo - puede generar en nuestro organismo una mejoría. Somos aquello que hacemos, así que si "hacemos sonrisas" es posible que terminemos sintiéndonos felices.


Muchas veces nos apoyamos en el discurso de que no haremos tal o cual cosa hasta no sentirla. Mientras no entendamos su lógica, su razón, su sentido o intención, preferiremos no hacer. Tal vez la decisión del Talmud de priorizar acciones a intenciones haya girado en un principio a esta idea de incorporar los actos para poder más adelante llenarlos de sentido. Porque así como al sonreir podemos sentirnos un poco mejor, de igual forma al cumplir con determinadas acciones podemos terminar descubriendo a posteriori el sentido trascendente que en ellas anida.

¿Y ustedes que piensan?
¿Acciones o Intenciones?

4 comentarios:

  1. En primer lugar, ¿cómo definir el carácter de lo “correcto? Personalmente, soy una persona muy hacedora: acciono, acciono, acciono. Pero claro, con objetivos (¿podríamos llamarlos intenciones?) Internamente puedo debatirme sobre qué hacer y cuándo. Pero en ese debate ¿está la intención? ¿El “para qué” de una acción, es una intención? También está presente cuando soy consciente de, a priori, la acción será perjudicial para mí.
    En síntesis, es difícil responder de qué bando estoy!

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    1. No se si tengo respuestas para los distintos interrogantes que planteás. Posiblemente en los objetivos que nos planteamos también haya algo de las intenciones que acompañan nuestras acciones.
      Por otro lado, vivimos haciendo toda clase de actos que no se acompañan de una concientización efectiva lo que estamos haciendo (por ejemplo: rara vez cuando comemos estamos pensando en eso). Estaría bueno poder desarrollar el ideal de poder concentrarnos profundamente en aquello que estamos haciendo en tiempo presente. Ser concientes de lo que hacemos y poner las intenciones en lo que vamos haciendo, sin pensar en otras cosas o hacer que la mente flote en cualquier otro canal.
      En fin... no estoy seguro de haber respondido a nada, pero no quería dejar de intentar el esbozo de una respuesta y algunas otras reflexiones :)

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  2. Aristoteles dice: «practicando la justicia nos hacemos justos, practicando la templanza, templados»
    Parece ser que actuando es que vamos afinando las intenciones y descubriéndolas.


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    1. ¡Exacto! Se trata de ir generando hábitos que vayan forjando quienes somos, ¿no?

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