domingo, diciembre 2

Alas de paloma

Shabat 47b - 51b

Y un día, después de varias semanas, regresamos.

No es que no haya estado leyendo. Por el contrario, continué avanzando con el tratado de Shabat. Sin embargo, y para mi desgracia, no tuve la suerte de encontrar en el texto algo que me resultara inspirador. Supongo que por eso será que cada vez que terminamos de leer un capítulo del Talmud solemos decir: "Hadran Alaj... volveremos a tí." Ya que en esta vuelta no me tocó dar con pasajes que me movilicen, esperemos que para la próxima yo haya cambiado lo suficiente para encontrarme con manantiales de genialidad en lo que hoy sólo pude ver tecnicismos legalistas.

Pero basta de apología del silencio.

En la página del día, el Talmud nos cuenta la historia de Elisha, "el hombre de las alas." Pocos personajes talmúdicos tienen apodos tan poéticos y, por lo tanto, el texto nos cuenta el relato que dio origen a un nombre tan particular:


"Una vez, decretó el malvado imperio romano un decreto sobre Israel: A todo aquel que se pusiera Tefilin le sería perforada la cabeza. Y Elisha se los ponía y salía al mercado. Lo vio uno de los oficiales [romanos] - [Elisha] salió corriendo, y [el oficial] corrió tras él. Cuando lo atrapó, se quitó [Elisha los Tefilin] de la cabeza y los puso en su mano. Le preguntó [el oficial]: ¿Qué es lo que tienes en la mano? Le respondió: Alas de paloma. Abrió su mano y aparecieron alas de paloma. Por eso lo llaman Elisha, "el hombre de las alas.""

El relato está temporalmente emplazado en el siglo II de nuestra era. Luego de la revuelta que terminó con la destrucción del segundo Templo de Jerusalem, los romanos ajustaron tuercas sobre la población judía local, y empezaron a decretar toda clase de edictos que restringían la práctica del judaísmo, tanto en público como en privado. Y así como en el relato de Rabi Akiva del tratado de Brajot se hace hincapié en la prohibición de estudiar Tora, y en el relato de Rabi Shimon bar Iojai se muestra que todo aquel opositor al regimen queda automáticamente condenado a muerte, aquí el Talmud nos muestra que quien use Tefilin verá su cabeza perforada.

Los Tefilin (o en español: filacterias) son dos cajas de cuero que se usan todas las mañanas para rezar. Una se pone sobre el brazo débil (es decir, los diestros en el brazo izquierdo y viceversa) y la otra se pone en la cabeza. De allí el castigo de perforación cerebral propuesto por los romanos.


Elisha no sólo que no hace caso de los decretos, sino que se va al mercado con los Tefilin puestos, en clara señal de desafío a la autoridad. Eso genera que un soldado lo persiga y que finalmente tenga la suerte de que sus Tefilin se transformen milagrosamente en alas de paloma.

A mí la parte del milagro es la que menos me interesa del relato. Creo mucho más interesante el hecho de encontrarnos con personas que están dispuestas a elevar su voz en contra de las estructuras monolíticas que ejercen su poder a través del miedo y la intimidación. Más aun: leer sobre Elisha nos regala una suerte de espejo en el cual mirar lo que ocurre en nuestros días: Mientras el "hombre de las alas" usa Tefilin incluso a costa de poner en riesgo su vida, en nuestros días sin grandes amenazas nos encontramos con mucha gente que hace a un costado todas aquellas prácticas particulares (judías o de otras religiones), dejándose llevar por la corriente. Y también tenemos a tantos otros que se aferran a esas prácticas en la esperanza de que les ocurran milagros, Ds los proteja de todo mal y los negocios den siempre ganancia.

Una vez que el Talmud finaliza el relato de Elisha, agrega lo siguiente: "Se comparó a la congregación de Israel con una paloma [...] Así como la paloma es defendida por sus alas, de igual forma Israel es defendido por los preceptos."


En nuestros tiempos, creo que el cumplimiento de determinadas prácticas particulares no puede tener que ver con el miedo que nos infunda el dictador de turno o con las promesas de premios que podamos querer ver en el acto en sí. Por el contrario, la "defensa" que nos proporcionan los preceptos tiene que ver - al menos en mi forma de entender el texto - en la continuidad de la identidad particular. Sólo a partir de acciones concretas logramos defendernos de una situación en la cual nuestra identidad se diluye y se disocia de un sostenimiento real en la práctica.

En este sentido, los preceptos, las costumbres y la praxis particular no sólo evitan que nos desvanezcamos en el mar de lo general y amorfo, sino que - al igual que una paloma - nos da alas para volar más alto, para enorgullecernos de lo propio, y para aportar a la sociedad general nuestro granito de arena, nuestro ofrenda particular, en la búsqueda de construir entre todos un mosaico multicolor que pueda nutrirse de las contribuciones de cada uno de nosotros en su singularidad.


¡HADRAN ALAJ BAME TOMNIN!
¡VOLVEREMOS A TI BAME TOMNIN!

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